Medellín anuncia millonario plan para intervenir el río y las quebradas, pero la deuda ambiental sigue abierta

La Alcaldía de Medellín y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá firmaron una alianza para ejecutar el programa “Mi Río, Mis Quebradas”, con una inversión de $663.383 millones entre 2024 y 2027, el plan busca frenar el deterioro del río Medellín y sus afluentes, con obras de mitigación del riesgo, mantenimiento y acciones ambientales en los diez municipios del Valle de Aburrá.

El acuerdo incluye 21 nuevas obras hidráulicas, intervenciones en 30 puntos críticos del eje del río y la creación o adecuación de 40.000 metros cuadrados de espacio público. La Alcaldía aportará $366.383 millones, el Área Metropolitana $282.000 millones y el Metro de Medellín $15.000 millones.

La administración distrital insiste en que Medellín arrastra un rezago histórico en el manejo del río y las quebradas. Varias zonas del valle crecieron sin planificación, y hoy muchas viviendas están ubicadas sobre cauces, generando riesgo permanente para cientos de familias cada temporada de lluvias. “La ciudad no puede seguir dándole la espalda a sus afluentes. Necesitamos acciones serias frente al riesgo y al cambio climático”, afirmó el alcalde Federico Gutiérrez durante la presentación del programa.

Este plan retoma intervenciones que avanzaron entre 2016 y 2019, cuando se ejecutaron obras junto a quebradas priorizadas en riesgo. La administración actual proyecta nuevas intervenciones en Altavista, Cabuyala, El Pelón, La Chorrera, La Aguadita y La Honda, además de una obra en La Toscana para atacar inundaciones recurrentes en ese sector.

La ejecución será gradual. En 2026 iniciará la contratación para atender 197 puntos críticos, actualizar estudios del sistema de drenaje y realizar obras de espacio público. La Alcaldía asegura que dejará un plan maestro con ruta hasta 2040 para que las próximas administraciones den continuidad al proceso.

Aunque el programa representa una inversión inédita en esta materia, los retos siguen siendo profundos: ocupación ilegal de rondas hídricas, contaminación, fallas en la gestión del riesgo y presión urbanística sobre zonas ambientales sensibles. La apuesta ahora será demostrar si esta millonaria intervención se traduce en transformaciones reales y sostenibles para quienes viven alrededor del río y las quebradas del Valle de Aburrá.